Muchas personas no comen en función de sus necesidades, lo hacen sin control y sin medida. Puede ocurrirnos a todo el mundo en un momento puntual, pero cuando sucede de manera continuada, este hecho puede convertirse en algo muy perjudicial para nuestra salud si se abusa de alimentos con bajo contenido nutricional o altos valores en sustancias perjudiciales para nuestro organismo.

Abusar del hecho placentero de comer por gusto nos puede provocar cansancio, la búsqueda constante de comida y problemas de salud. Esta conducta, directamente relacionada con el placer, y asociada con el conocido como “sistema de recompensa” y la “dopamina”.

El sistema de recompensa del cerebro es un conjunto de estructuras que, mediante estímulos, nos hace sentirnos bien después de realizar una actividad. Se activa frente a un estímulo externo y envía señales mediante las conexiones neuronales, para que se liberen a los neurotransmisores responsables de sensaciones placenteras como la dopamina (un neurotransmisor que participa activamente en el refuerzo de conductas placenteras como el sexo o el consumo de drogas).

¿Qué pasa cuando esto sucede? Que estos estímulos hacen que queramos repetir nuestro comportamiento, en ese caso, comer delicioso. Sucede lo mismo con otras sensaciones placenteras como tener sexo.

La falta de motivación, el estrés o un estado anímico bajo pueden llevarnos a comer sin control. Los profesionales establecen una relación directa entre las emociones y la nutrición. En momentos de inestabilidad emocional somos más propensos a desear comida basura o alimentos grasos. A este hecho se la llama “alimentación emocional”.

Existe una razón por la que vamos busca de comida con el objetivo de sentirnos mejor y mejorar nuestro estado de ánimo. Muchos alimentos contienen un aminoácido llamado triptófano, que libera serotonina. Si los niveles de esta última bajan, puede presentarse ante nosotros angustia, mal humor o tristeza. Si el cuerpo no produce triptófano e ingerimos alimentos que sí lo tienen, funcionan como antidepresivos naturales. Comúnmente, la seratonina se relaciona con la relajación, el autoestima alto, la relajación, la mejora de la concentración… y, en general, con la mejora de nuestro estado de ánimo.

Pese a que muchas personas no sean conscientes de ello, la psicología puede ser un pilar fundamental para mejorar nuestra dieta o, simplemente nuestros hábitos de consumo alimenticio. Bien sea para mejorar nuestra imagen personal, o para controlar la ingesta en casos de obesidad.  Existen herramientas en la psicología como la “evitación de estímulos” o la buena planificación, que pueden ayudarnos a llevar a cabo un plan dietético con éxito.

Teniendo en cuenta estos factores, la psicología y la ayuda de un profesional podría ayudarnos a luchar contra un problema de obesidad, ya que los aspectos emocionales juegan un papel fundamental a la hora de conseguir un cambio en nuestras costumbres alimenticias. Más si cabe, cuando se trata de un problema grave, como pueden ser los trastornos de la alimentación.